Mindfulness: La profundidad de la consciencia

Al día de hoy, aun no se sabe cómo se produce la consciencia. Se cree que es una forma de procesamiento de la información que surge cuando se activan de forma conjunta, diversas zonas cerebrales. El resultado, es la consciencia que es algo más que la suma de la información de cada una de estas zonas cerebrales. La consciencia produce un conocimiento relacionado con nosotros mismos y lo que hacemos, sentimos o pensamos.

La adopción de prácticas de mindfulness puede potenciar nuestra capacidad de atención y aumentar nuestra conciencia acerca de nuestro entorno y nuestros pensamientos.

Un factor que determina la consciencia es la atención. Es decir, lo que atendemos se hace consciente. Es normal que cuando vayamos conduciendo no prestemos atención a los pedales y quizás tampoco al paisaje, puede que estemos prestando atención a algún pensamiento. Así que no todos estos elementos formarán parte de la consciencia del momento.

Hay cosas que captarán nuestra atención y se harán conscientes de manera automática como un dolor intenso o un suceso inesperado. Otras veces, podemos enfocar intencionadamente nuestra atención hacia algo y hacerlo de manera constante, como cuando estudiamos para un examen y no permitimos que nada nos distraiga.

La base de la práctica de Mindfulness es prestar atención y su práctica es simple: solo tenemos que prestar atención de forma constante, ininterrumpidamente, hacia un objeto que elegimos previamente, como puede ser la respiración. Volviendo una y otra vez a la respiración, si nuestra atención se desvía hacia otra cosa.

Ser consciente de la respiración, de la forma en que entra y sale el aire, una y otra vez, durante algunos minutos, es lo que vamos a practicar. Al hacerlo, lo que vamos a observar es que nuestra atención cambia fácilmente y dejamos de ser conscientes de nuestra respiración. Este proceso de volver una y otra vez a la respiración y ver cómo se desvía la atención trabaja la metaconciencia, el observador: “la mente que observa a la mente”.

Al principio observaremos cómo nuestra atención se desvía sin darnos cuenta. Poco a poco con la práctica de la atención plena iremos observando los pensamientos o sensaciones que aparecen sin que nos atrapen inconscientemente y desvíen nuestra atención. Podremos ver el contenido de los pensamientos, las emociones y las sensaciones asociados a ellos.

El aumento de nuestra metaconciencia con la práctica de mindfulness hará que seamos conscientes de lo que nos preocupa, de nuestros pensamientos recurrentes, de la relación entre emociones y pensamientos, de nuestro estado interno y de nuestra tensión corporal. De esta manera, la consciencia sobre nosotros mismos se profundiza, nos comprendemos mejor, comprendemos mejor el entorno, a los otros y tomamos decisiones que nos favorecen, en vez de quedar atrapados en pensamientos o emociones que nos hacen tomar decisiones inconscientes.

Mindfulness es una práctica simple pero profunda, un camino hacia nuestro interior. La calma que genera su práctica es un efecto de la concentración de nuestra atención, pero también algo que disfrutaremos.

Autora: Carmen Moreno Rodríguez